Como segunda entrada de esta sección, y aprovechando que cumplimos un año desde nuestra visita a Guatemala, damos una vista retrospectiva y  hacemos una entrevista a una persona muy especial. Pascale es una vieja amiga de Diego y su familia. Llegó hace 19 años a Guatemala con su familia, crió a sus dos hijos allí (aunque finalmente salieron del país para estudiar en Estados Unidos) y ha terminado apostando por el desarrollo del país chapín, quedándose. Ella fue quien nos alojó en su casa cuando estuvimos visitando el país  en marzo del año pasado ¡Gracias por concedernos esta entrevista, Pascale!

¿A qué te dedicas? – Para mí el trabajo es una oportunidad para desarrollarme como mujer, como persona y como miembro de la sociedad guatemalteca. Llevo unos años trabajando en Project Concern International, una ONG estadounidense que goza ya de más de 50 años de existencia. Centrada inicialmente en el desarrollo de la salud pública, cada vez integra más sectores y se enfoca de manera más holística. Por ejemplo, ahora también nos centramos en el crecimiento económico de las comunidades rurales y peri-urbanas. Ayudamos a que estas comunidades tengan acceso al mercado para que puedan vender sus excedentes, y así cubrir sus necesidades básicas en servicios como la salud, vivienda, etc. Queremos ayudar a que estas familias puedan ser resilientes, de tal forma que sean capaces de afrontar situaciones imprevistas, sequías, inundaciones, falta de alimentos o cualquiera de estas situaciones que se dan constantemente. Hay que tener en cuenta que es muy complicado obtener ayudas institucionales al nivel que se necesita. Guatemala sigue siendo un Estado algo débil a nivel social. Sigue siendo un país que depende mucho de la iniciativa privada, ya que el ritmo de las ayudas públicas aún es muy lento y deficiente.

¿Nos podrías narrar someramente un día rutinario en tu vida? Hago ejercicio antes de ir al trabajo. Sobre las 7/8 de la mañana entro en la oficina. Tengo una hora para el almuerzo y suelo ir a casa ya que vivo muy cerca. Para mi este “break” es fundamental para desconectar. En Guatemala, es muy común tener que almorzar en la propia oficina. En mi trabajo tengo mucha coordinación internacional, llamadas, etc. La mayoría de él lo realizo con la oficina de Huehuetenango (Huehue – occidente del país). Mi desempeño consiste en coordinar proyectos, presupuestos, planificaciones, en fin, días bastante cargados. Por las noches lo único que quiero es cenar y descansar.

Para mí el trabajo es una oportunidad para desarrollarme como mujer, como persona y como miembro de la sociedad guatemalteca

¿Y un día festivo o de fin de semana? ¿Qué haces por ocio? ¿Qué hobbies tienes? ¿Qué suelen hacer los guatemaltecos? Normalmente bajo al Lago Amatitlán los fines de semana, de sábado a domingo, y cualquier festivo también aprovecho para estar con mi pareja allí. Ciudad de Guatemala es una ciudad linda pero no ofrece mucha oferta de ocio y actividad cultural. Por cuestiones de seguridad no es recomendable salir a caminar, dar un paseo por un parque… Mucha gente con recursos va a Antigua Guatemala o a la Playa. La mayoría va a centros comerciales; los hay para todos los estratos económicos. Los chapines pasan mucho tiempo con sus familias, reuniones, hablando. La ciudad no ofrece mucho más, la verdad.

¿Cómo te llevó la vida a vivir en Guatemala? Vine junto con mi ex esposo. Guate me ha permitido poder contratar a una persona que recibiera a mis hijos cuando regresaban del colegio. La alternativa era ir a Nueva York, pero Guate ofrecía un entorno más saludable. Yo había empezado a trabajar, desarrollándome como profesional, madre y mujer.

¿Has tenido alguna dificultad especial por ser mujer? No he tenido problema en la esfera laboral. Probablemente porque trabajo para una ONG internacional que promueve la igualdad de género. He conseguido mi lugar en la oficina internacional y cuento con la aceptación de los hombres, su respeto y compañerismo. A veces la gente interpreta de manera errónea la igualdad de género; por ejemplo, un hombre nunca me ayudaba con la maleta de manera muy intencionada pensando que eso era igualdad. La gente busca esa equidad pero no sabe cómo hacerlo. A veces, por mi nombre, la gente no sabe que soy mujer y se sorprenden cuando voy a una reunión y ven que lo soy. Les gusta mucho llamar por sus títulos (Doctor, Licenciado) y yo prefiero el nombre, y como no es la costumbre a veces crea cierta incomodidad.

Me aceptan por curiosidad, como una distracción casi

¿Qué papel tiene la mujer en la sociedad guatemalteca? Hay algunos avances, por ejemplo la vicepresidenta es mujer, pero aún hay mucho que hacer. La violencia de género es una de las lacras de este país y una de las luchas de este Gobierno. Yo trabajo con mujeres empoderadas y tengo mucha curiosidad por ver los resultados de las medidas que se están intentado desarrollar. En el ámbito rural, la mujer tiene un papel muy importante en la familia. Hay mucha definición de las tareas y de los papeles entre mujeres y hombres que afecta a una visión equitativa. Ambos sexos tienen mucha presión para cumplir con su papel predeterminado. Esta división, lógicamente, limita el desarrollo de las mujeres.

¿Podrías hacernos un resumen de cómo son los guatemaltecos, desde tu punto de vista? Es gente trabajadora, con cierta visión y esperanza para Guatemala pero con una actitud un poco egoísta y de querer llegar rápido, sobre todo en zonas urbanas y las nuevas generaciones. Triunfa la ley del mínimo esfuerzo para llegar rápido.

Tengo amigos muy queridos, pero siempre me ven como extranjera. Vivo en una sociedad paralela, no hay integración. Me aceptan por curiosidad, como una distracción casi. No te puedo describir por qué ocurre esto, ¿tal vez es por miedo? Ellos le dan bastante importancia a los valores familiares y quizás no tienen espacio para una extranjera.

Hace falta una visión más integrada de modelo de país. Hay una gran discrepancia entre la élite intelectual y la élite económica, no coinciden ni se integran. No integran a la población indígena y esto crea incomodidad en la sociedad misma. Es una población muy numerosa que muchas veces está sin voz. ¿Cómo viven las élites con eso todos los días? No escuchándolos, es más fácil pensar que no existen. No es un proceso natural, no debe ser una vivencia fácil.

¿Cuál dirías que es el motivo de mayor orgullo de los chapines? ¿qué es lo que más te gusta? ¿Qué crees que deben mejorar? Todos reconocen que es un país bello, que tiene mucho que ofrecer en lo que respecta a su clima primaveral y a su naturaleza.

A mejorar, diría que aunque cada vez el sector económico ve la necesidad de abrir más el mercado, que los pobres tengan acceso a bienes de consumo, sean partícipes del mercado local, este cambio es insuficiente. Es cierto que en el pasado no veía esto, así que es esperanzador, pero espero que se haga con cierta educación al consumidor.

Por otro lado, más del 50% de los niños sufren malnutrición crónica, aunque se está convirtiendo en un problema cada vez más relevante ya que hay más conciencia para cambiar estos indicadores.

Por lo que he leído de autores españoles, deben de estar muy afectados por la guerra civil

Desde Europa, Guatemala es visto muchas veces como un país donde reina la violencia y donde el Estado no está presente. ¿Qué tanto de eso es verdad y cuánto es simplemente mediático? ¿Nos puedes contar alguna anécdota que hayas vivido? Hay una cultura de violencia, y no es nada nuevo, lo tienen en su ADN. Desde que llegamos a Guate hemos visto que todo se resuelve con violencia. Llegamos justo en los años finales de la guerra civil y pensamos que era una secuela de dicha guerra. Sin embargo ha continuado. Ahora la delincuencia es más común, casi algo endémico. ¿Cómo se vuelve a ser una sociedad pacífica? Leí un artículo que decía que la violencia se tiene que ver como una epidemia, entender cómo empezó, cómo se expande y trabajar para ver cómo se puede controlar. Lo que más me duele es que se está propagando hasta los lugares más aislados. En ningún lugar estás a salvo. Lamentablemente tiene que ver con políticas, actos de corrupción relacionadas con el narco. Son temas difíciles.

Hay un grave problema con la emigración de menores y adolescentes, muy ligada al problema de la violencia. Jóvenes de áreas rurales que para escapar de la violencia huyen del país. Las maras y los cárteles de la droga tratan de reclutarlos. Es un problema cada vez más arraigado y generalizado.

Tienes una vida bastante internacional. ¿Dónde están tus raíces? ¿Te sientes “chapina”? ¿O de dónde te sientes?– Nací en Haití de padres extranjeros. Mi padre es inmigrante alemán y mi madre haitiana. Me crié en Haití, con una vida familiar muy intensa. Me casé joven y me fui a vivir 12 años a Nueva York. Luego mi esposo se fue a Uganda 2 años y yo estuve con él los últimos 4 meses. Regresamos a Nueva York y luego vinimos a Guate.

En Guate me siento como en casa. Aunque mis hijos no están, por lo que me siento un poco más desubicada que cuando vivían aquí. El verano pasado viajé a Canadá y Haití, y me di cuenta que es en Guate donde me siento más en casa. Estar en Haití me pesa. Quiero mucho a Haití, pero es un lugar muy complicado. Me da pena ver cómo está el país. Hay avances y muchos esfuerzos, pero las desigualdades siguen ahí. No puedo dejar de estar siempre cuestionándome, tal vez porque quiero tanto a Haití me cuesta más convivir con esas desigualdades.

¿Podrías decirnos lo que conoces o lo que te viene a la mente cuando escuchas el nombre “España”? País que me muero por conocer. Una cultura muy rica. Mucha diversidad. País con el que me siento muy identificada ahora que hablo español. Por lo que he leído de autores españoles, deben de estar muy afectados por la guerra civil. Quisiera ver cómo han logrado sobrepasar esta época tan dura para el pueblo. Habría que aprender cómo han logrado sobrepasarlo y seguir adelante.

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