Después de más de una década residiendo en España (en enero cumplí 10 años) y de casi 4 años desde que inicié el procedimiento de adquisición de nacionalidad por residencia, soy español.

¿Qué significa dar este salto desde el punto de vista legal?

Como abogado de extranjería que soy, veo de primera mano una parte (probablemente ínfima) del drama humano que significa la aplicación severa de la Ley de extranjería de España. Ciudadanos en situación irregular que no logran “legalizarse” y que viven día a día con miedo de que les pidan “los papeles” por la calle, malviviendo con trabajos “en negro” al no poder ser contratados (ver noticia relacionada). Mafias de prostitución a cambio de papeles, matrimonios de conveniencia a cambio de dinero. Hijos que no pueden traer a sus padres enfermos y dependientes (ver noticia relacionada). Parejas enamoradas que no pueden vivir juntas. Burocracia, papeleos, tasas, más papeleos, esperas, maltratos, colas interminables, peros y más peros.

Veo, por otra parte, la llamada “residencia para inversores” (ver noticia relacionada), según la cual prácticamente te regalan la residencia de forma permanente si inviertes cierta cantidad de dinero en España. Quieren que vengan extranjeros, no inmigrantes.

La compañía Henley&Partners realiza una publicación anual denominada el “Índice de restricciones de visado”, que analiza la libertad que tienes para viajar sin visado según tu nacionalidad. En otras palabras, el “valor” de tu pasaporte.

Según la versión 2014 de dicho índice, mi paso de ciudadano de segunda categoría a ciudadano de primera categoría es pasmoso. Mi status de “peruanito” me situaba en el puesto 50 del mundo (cómodamente acompañado por Tonga) teniendo acceso sin necesidad de visado a 83 países – en defensa de Perú, he de decir que estamos a punto de dar un subidón importante en el ranking junto con nuestros hermanos colombianos, al estar finalizando el procedimiento de exención de visados (ver noticia relacionada) para los países del espacio de Schenghen -. Para ponerlos un poco en contexto, tenemos justo por delante a las Maldivas en el puesto 49 y justo por detrás a Kiribati y Vanuatu.

Como “españolísimo”, en cambio, podré fardar de situarme en el podio de los pasaportes con caché, al estar situado en el tercer puesto mundial; pudiendo acceder, sin autorización administrativa previa del estado que me recibe, en 172 de los 218 estados o territorios posibles. Compartimos posición con los belgas, franceses, italianos y japoneses, entre otros, y estamos a solo dos de los líderes (Finlandia, Estados Unidos, Alemania, Suecia y Reino Unido).

Desde el punto de vista práctico, para un autoproclamado viajero como yo, es un regalo caído del cielo. También es muy positivo desde un punto de vista laboral, de proyecto vital, etc.

Sin embargo, no dejo de darle vueltas al hecho de que un pobre tipo de Nepal, que no ha hecho menos méritos en su vida para viajar por el mundo que un finlandés, pueda entrar en 137 países menos que su igual de ese país nórdico. ¡137! La aleatoriedad de tu lugar de nacimiento y la nacionalidad (y bolsillo) de tus padres determinan tus posibilidades de moverte por este planeta. Yo mismo, siendo la misma persona, ni mejor, ni peor, sin representar una mayor ni menor amenaza para la seguridad de un estado que hace una semana, por arte de magia puedo entrar en 90 países más. ¿Alguien me lo explica?

Al parecer, cada vez hay más gente que no logra encontrar una explicación. Desde hace algunos años, organizaciones y movimientos ciudadanos como “open borders” han iniciado una campaña para convencer a la opinión pública de que la apertura de fronteras por parte de los estados y el derecho a la libre circulación de los ciudadanos (salvo circunstancias y casos extremos) es, según su manifiesto lo moralmente adecuado y las políticas de restricción mediante fronteras tienen un alto coste, no solo humano (para los que este argumento no sea suficientemente contundente), sino también económico. Como conmemoración de su creación, declararon el “Día de Fronteras Abiertas” que se celebra cada año el 16 de marzo, curiosamente, el día que juramenté fidelidad al Rey de España a cambio de una nacionalidad de primer nivel.

¿Qué opinas de las fronteras? ¿Qué problemas de inmigración hay en tu país? ¿Vives fuera de tu país? ¡Cuéntanos tu experiencia!

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