El pasado diciembre, en AgoraVolvemos tuvimos la suerte y el placer de hacer nuestra entrevista más fácil. Porque no es una entrevista. Es escuchar a una persona con mundo contarte sus viajes. Entre 1970 y 1975 Estela Castro, la abuela de Diego, viajó con (y sin) su marido Jorge por muchos países del mundo, acompañándolo en los viajes oficiales que él realizaba como Ministro de Energía y Minas del Gobierno del Perú.

Aquí un extracto de las anécdotas y experiencias que nos cuenta Estela sobre sus aventuras en países inimaginables de visitar para una mujer peruana en la década de los 70.

Gracias Estela por habernos enriquecido con un pedacito de la vida de una gran viajera, de una gran abuela y sobre todo de una gran mujer.

AgoraVolvemos: ¿Cómo quieres que te introduzcamos en la entrevista de AV? ¿Cómo te quieres describir?

Estela: ¿Cómo me quiero describir? Siento que Dios ha sido muy bueno conmigo. Me ha hecho conocer muchos lugares que nunca soñé en la vida que iba a conocer. Muy afortunada…pero que ahora no me gustaría estar en muchos de esos países, que todo eso anda en guerra…¡terrible!

Japón

AV:¿Cuántos países has conocido?

E: No los he contado. Pero el primer país al que salí fue a Japón. En viaje oficial porque había una exposición internacional. Desde pequeña he pensado “me gustaría viajar a Japón”, soñaba con ello. Y fue justo el primer viaje. Hasta pude ir a ver al emperador. Tenía obligación de ir a saludarlo, así que tuve que ir a comprarme sombrero. No estaba Hirohito sino Akihito y la esposa muy simpática. Hablábamos en inglés. Por supuesto que Jorge entendía y yo no. Pero tenía a una japonesita que me traducía.

Me dijeron todo lo que tenía que hacer. Nada de dar la mano claro. Todo se hace con venias. El que sea menos importante tenía que hacer la venia. Entonces tú le hacías la venia a él y después otro que se siente menos importante te la hacía a ti (risas).

Desde pequeña soñaba con viajar a Japón y fue justo mi primer viaje.

AV: El trato de los japoneses es uno muy formal ¿no? Todo el tema del protocolo y la rigidez con horarios y forma de vida. ¿O crees que es un mito?

E: ¡Sí! Fíjate que en el librito que nos dieron con instrucciones decía que se salía a tal sitio a las 9:36 por ejemplo. Nosotros decíamos…será 9:35 o 9:40. Nosotros siempre estábamos un poco antes por si acaso y tal cual a las 9:36 todo el mundo a los autos que ya nos estaban esperando. Y mientras íbamos al sitio de turno a toda velocidad preguntábamos por qué no hay tráfico si hemos visto que el tránsito era bastante denso en la ciudad. Porque ellos sabían que a las 9:36 todos los carros se paraban dejando las pistas vacías para que pasara la comitiva oficial. Un nivel de programación espectacular.

IMG_9293AV: ¿Y qué fue lo que más te llamó la atención de Japón entonces?

E: Por bonito Kioto. Unos templos antiguos… Me llamó la atención también el campo en el que todo era verde y precioso y la gente aprovechaba absolutamente todo el espacio, sembraban hasta la puerta de su casa. Tokio me pareció como otro Nueva York con sus edificios altos y demás.

 

Zaire

E: Como Jorge era ministro de energía fuimos de visita al Congo, (en ese entonces Zaire) por temas de petróleo. Fuimos en un avioncito de esos antiguos desde Roma en el que parecía que nos íbamos a caer. Como había estado en el poder de los franceses había unas cosas muy bonitas. Como siempre a mí me gustaba curiosear mientras ellos estaban en sus reuniones. Nos íbamos a un mercado al aire libre en el que había un plato lleno de unos gusanos enormes, ¡ay Dios mío! Que se salían del plato. Ahora me dicen que acá en Perú en la selva también hay y los comen y están deliciosos. Se llaman Suris creo o algo así. Después en el menú del hotel había algo que se llamaba “cosa cosa con pili pili” eso última parte nunca se me va a olvidar. Todo el mundo lo pidió. “Cosa cosa” era langostinos y el “pili pili” era ají (picante). ¡Bien rico!

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China

AV: ¿Qué tal en la China comunista?

E: Yo no llegué a ir a la China comunista propiamente. Llegué hasta Kowloon era la parte frente a Hong Kong que era de la China continental pero pertenecía a los ingleses. Eran unas diez cuadras, pasadas esas diez cuadras ya era de los comunistas, pero yo no sabía eso…

Alberto mi cuñado había alquilado en Kowloon un hotel y ahí fui con él y Edith su mujer. Un día me levanté temprano. Ellos dos seguían durmiendo así que salí a caminar. Eran como las 9 de la mañana de un día soleado. Como eso pertenecía a Inglaterra imaginaba que tenían que vender cosas de casimir así que fui buscando una tienda que vendiera cosas de casimir para Jorge. Por supuesto no sabía hablar chino ni nada así que sólo decía Casimir.

Al caminar 2 o 3 cuadras empecé a darme cuenta que todo parecía muy solitario porque resonaban mis tacones tac tac tac. Se abrían puertas atrás y sacaban la cabeza para ver quién taconeaba. Llegué a una tienda en una esquina en la que había una tienda grande. Al que estaba en la puerta le dije “casimir” y me señaló hacia el fondo de la tienda. Entré y dije otra vez “casimir” y ya me sacaron chompas y chalequitos, que compré para Jorge y para Alberto. Me regresé tranquila y cuando regresé me cayó la bronca “cómo te has atrevido a ir por ese lado! Eso ya pertenece a los otros” me dijo Alberto, “nosotros no podemos recorrer más que dos cuadras”. “Como no me avisaste”, le contesté, “bueno, yo ya compré lo que quería” (risas).

Luego en la calle había unas carretas grandes con telas, como cortes de telas.. Serían telas chinas o de no sé dónde. Yo empecé a escoger pues porque eran baratas y Edith me decía “no, esa es para mí” y me la quitaba. “Esa para mi hermana, para mi hermana”. Total que yo me iba para el otro lado de la carreta para buscar. “Ah no, esa también para mi hermana”, ¡no me dejaba en paz oye! También entramos a otra tienda donde vendían ¿sabes qué? ¡Tela de vicuña! Como para ternos. Costaba oye miles el metro de la vicuña…pero una tela preciosa.

 

Rusia (o no) y ParísIMG_9291

E: Viajé con Alberto y Edith a España antes de ir a Hong Kong y ahí nos quedamos para esperar que desde Rusia nos enviaran el permiso para entrar a Moscú, nuestro destino siguiente a Hong Kong. Te decían va a venir usted a tal hotel, todo te decían. Mientras no tuviéramos eso no podíamos entrar. En ese momento Jorge estaba de visita en la China, y habíamos quedado que nos íbamos a encontrar en Moscú.

Entonces desde Hong Kong salimos hacia Rusia. Al llegar a Moscú Edith vio los soldados que estaban con las metralletas y pues no sé qué pensaría ella que la iban a matar o qué cosa no sé. Llegamos ahí donde teníamos que presentar los pasaportes y…se puso a llorar. “¡No, yo no me quedo acá!”. ¡Armó tal lío que nos tuvimos que ir a París y nunca llegamos a entrar a Moscú!

Por supuesto Alberto molestísimo y yo más todavía. Nos quedamos en París y a los tres días Alberto se tenía que regresar ya, así que nos íbamos a quedar las dos solas en París. Por supuesto ni francés ni nada. Felizmente en el hotel que Alberto buscó eran españolas las que atendían así que las únicas con los que podíamos hablar era con las empleadas. Alberto salió no sé por qué motivo y gracias a Dios se encontró con un amigo de la embajada en Moscú que había venido a París y al encontrarse con Alberto le dice “¿Qué haces acá? ¡Te están buscando allí en Moscú! Todo es un laberinto. Los están buscando por todos los hoteles…” Pues ese señor avisó que estábamos en París porque en Moscú Jorge estaba también con los pelos de punta porque no tenía ni idea de dónde nos habíamos metido.

Y ya vino Jorge a París y nos paseamos bien París. Esto sí era sólo vacaciones para Jorge ya que no tenía realmente nada que hacer en París. Ahí compré una tela que me sirvió para hacer el vestido cuando se casó mi hija Ana, la primera en casarse.

Así que estaba yo caminando por el Kremlin con un soldado delante y otro detrás. ¡Dios santo!

Moscú (Segundo intento)

AV: ¿Y llegaste a ir a Moscú más adelante?

E: Sí, en un vuelo inaugural de la aviación rusa desde Lima, Aeroflot. Invitaron a Jorge pero él no quería ir. Pero me dijo que podía ir yo si quería así que me fui con Charo, mi hija mayor. Desde Lima primero fuimos a La Habana. Nos bajamos, nos subimos a un bus, nos dieron una vuelta para que conociéramos por ahí y luego otra vez al avión. En el avión todo era champán y champán. De ahí fuimos a una ciudad y a otra ciudad, a hacer paraditas para comer y beber, que no recuerdo y ya por fin llegamos a Moscú.

Jorge me dio una carta para el que era ministro de energía soviético que había estado en Lima y le habíamos hecho una reunión en la casa y era un viejo bien simpático bien gracioso. Yo no lo entendía mucho pero parecía muy simpático, no parecía ruso. Al comentárselo al embajador en Moscú me dijo “démela que yo se la llevo” pero le contesté que Jorge me pidió que se la diera personalmente. Así que el Ministro se fue a averiguar pues y me dijo “él trabaja en el Kremlin y ya le mandé a decir y me ha dicho que la espera tal día a tal hora”. Así que fui con el embajador en el carro. En la puerta lo detuvieron al embajador…”usted sola”. Así que estaba yo caminando por el Kremlin con un soldado delante y otro detrás. ¡Dios santo! Llegamos a la oficina de este señor…uy se levantó el viejito! Se acordaba de mí, muy cariñoso… “Permítala que la invite a un espectáculo a usted y a su hija”. Así que fuimos a un espectáculo de estos de patinaje de hielo. Ese día todo el grupo iba al circo. IMG_9294¡La verdad que hubiera preferido ir al circo! Pero bueno nos tocó ir a eso.

 

Norte de África y Medio Oriente


E
: Nos fuimos, no me acuerdo cuánto tiempo, de viaje por Argelia, Libia, Egipto, Iraq, Kuwait, Irán y Arabia Saudí de visita oficial con Jorge.

Argelia

E: Argel muy bonito porque parecía que estaba así en subidita y con casitas blanquitas blanquitas blanquitas. Yo decía “parece un pueblo joven de mi tierra” (risas)…pero las casas eran bonitas.

Como era una visita por cuestiones de petróleo, nos subieron a un jet chiquito para llevarnos a otro sitio que yo desconocía. De repente vi como si fuera el amanecer, yo decía “cómo va a ser el amanecer si estamos en la tarde”… era la luz que se veía a lo lejos del petróleo que quemaban. Uff…era un infierno. Era una refinería de petróleo que se llamaba Hassi Messaoud

AV: ¡Wow cómo te acuerdas del nombre!

E: Tras la visita a la refinería nos dijeron si no queríamos conocer la ciudad más antigua del Sahara, Gardaya. Y ahí nos fuimos en unos autos una media hora. Era como un cerro grande donde por un lado había una reja. Un señor que fue con nosotros pidió permiso para entrar. Fueron a averiguar y nos dieron el permiso. Nos dijeron que esa ciudad existe desde hace muchísimo tiempo y que la gente no salía de ahí. Que todos los víveres todas las cosas se las llevaban ahí. Y que entre ellos se casaban. Entonces toda la gente de ahí era
chiquitita, bajita.  A las mujeres no se les veía la cara porque estaban cubiertas completamente. Entonces tú veías unos “pindunguitos” pues que caminaban por la calle. Seguimos caminando, dando vueltas y llegamos a una plaza donde estaban todos los hombres sentados en el suelo. Entonces el señor que nos acompañaba nos dice a las mujeres en un momento dado “¿No quieren vestirse como las mujeres de acá? Vayan ahí a esa tienda” Y nos trajeron unos vestidos así como serranas nuestras, y de ahí esa cosa para la cabeza que te cubre toda la cara y nos dieron una canastita como con florsitas. “Ahora vuelvan a la plaza para que las vean sus esposos”. Hemos pasado delante de ellos y ellos nos han mirado pues como diciendo estas son de acá no. Y volvíamos a pasar y nadie nos reconocía por supuesto hasta que ya nos quitamos las cosas ¡somos nosotras!

Irak

E: Ahí fuimos a conocer las ruinas de Babilonia, junto con una empleada de relaciones exteriores de Irak. Nos recibió toda cubierta de negro. En el auto que fuimos, conforme nos alejábamos de la ciudad comenzó a sacarse todo…se quedó con un traje normal y dijIMG_9275o “ay yo he sido educada en Inglaterra, a mí me cuesta mucho tener que ponerme todas estas cosas” y ya todo el camino que estuvimos en Babilonia iba así, teniendo al brazo todas su ropa local.

A Jorge le regalaron una réplica del primer busto que habían hecho en piedra hacía mucho tiempo. Jorge decía “¿y yo qué voy a hacer con esto?”

Babilonia realmente sólo tiene una pared que está intacta que tiene unos animalitos unos venados y después todo lo demás ya está medio derrumbado. Y yo me acordaba que los jardines de babilonia eran famosos y pregunté por ellos, pero me dijeron que de eso no había. Bueno regresamos. Parece que esta señora se olvidó de ponerse la indumentaria a tiempo. Alguien la vio. Y cuando llegamos le dieron un resondrón al marido, que cómo era posible que ella haya dejado ver su cara delante de extranjeros. Así que no sé qué le harían a ese señor.

A Jorge le regalaron una réplica del primer busto que habían hecho en piedra hacía mucho tiempo. Jorge decía “¿y yo qué voy a hacer con esto?”. Le dijo a su ayudante “a la noche, cuando todo el mundo esté durmiendo te vas al río Éufrates y lo avientas al río” (risas) y eso hizo porque qué íbamos a traer eso, era un peso enorme. En el avión íbamos a pagar no sé cuánto para traerlo acá a Lima, imagínate a quién le iba a interesar eso.

Kuwait

E: Nos recibió el Ministro de Energía y nos invitó a su casa, cosa que nadie antes había hecho, todo había sido en recepciones oficiales y demás. En la calle él está de civil pero en su casa se viste como los árabes. Y es al revés, las esposas en su casa están con su vestido normal. Era una casa muy bonita…entrando justo al lado del salón tenían una piscina. Todo lleno de alfombras. Y la mujer y la hija estaban llenas de sortijas y de brillantes y de cosas. ¡No me acuerdo cómo conversábamos! Después de un rato de conversar con ellas me invitaron a pasar a sus salones privados, arriba. Allí tenían en la pared una alfombra preciosa! Y me dijo que eso era regalo del Sha de Irán. Entramos a un salón y de repente dijo “me permiten que las saludemos a nuestro estilo”, sí, les dijimos. Juntamos las manos y viene un hombre como de las mil y una noche y viene con una fuente con unos aparatos de perfume. Él agarraba y nos echaba los perfumes. Eran como aceites. Ese era su saludo.

Recuerdo que esa noche íbamos a ir a comer en un restaurante y ellos tienen prohibido tomar licor. Pero todos llegaban con una bolsita con el licor adentro. Entonces se servían y volvían a guardar la bolsita, ¡qué bandidos!

Jorge viajaba porque tenía que viajar. A quien le gustaba viajar es a mí.

Al día siguiente nos invitaron a ir al már arábigo a la isla de Alejandro. Yo dije, “¡pesca!” ahí mismo y me confirmaron que se podía pescar, así que fuimos. Querían que bajáramos a la isla pero a mí no me importaba la isla, ¡yo quería pescar! Salieron unos pescados lindos oye, como esos japoneses de colores. Subimos a almorzar a una casita elevada y de repente trajeron una fuente bien grande llena de arroz con langostinos. Trajeron unos platitos pero ni un cubierto. ¡Sírvanse, sírvanse! Nos decían. Y nosotros nos mirábamos ¿pero con qué nos servimos? Entonces él agarró su platito y metió directamente el plato en la fuente. Pero los demás no nos atrevíamos a hacer lo mismo. Él se dio cuenta entonces llamó al mozo y le habló al oído algo. Y lo que nos trajeron fueron cucharitas de té. ¡Parece que lo único que tenían eran cucharitas de té! (risas) Así que con eso comimos…

IMG_9277Irán

E: Ahí lo que nos dijeron fue que fuéramos a conocer los tesoros del Sha. ¿Dónde están? En
el subsuelo de un banco. Estaba el Sha, de cera, y la esposa con el vestido que se había casado y las coronas y las cosas, muy bonito. Tenían ahí las joyas desde Siro, el fundador de Persia. Así que tenían ahí cosas desde hace aaaaños. Había tanta cosa…te daba nauseas, ya no era bonito. A la hora de salir, la gente te pedía limosna en la puerta, ¿te das cuenta? ¿Cómo no iban a sacar al Sha? Tenían que sacarlo…

 

Cuba

E: Nosotros fuimos a cenar a un restaurante a La Habana. Pero ya le habían avisado a Fidel que había llegado Jorge. Así que cuando estábamos ahí llegaron unos hombres con unas pistolas a mirar, a mirar, a mirar, y de repente se presenta Fidel. Vino pues a saludar y conversar un rato; un tipo simpático, buena persona.

Después también me fui a pescar con Fidel. El mar estaba bien movidito, me decía “agárrese de este palo”, ¡y pesqué ah!

 

Diego: Abue, ¿tú dirías que al abuelo le gustaba viajar?

E: ¿A Jorge? No creo. Viajaba porque tenía que viajar. A quien le gustaba viajar es a mí.

 

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