Lo cierto es que cuando me senté a hacer una lista de qué llevar en la mochila para diez meses viajando, la idea me abrumó, me sobrepasó. No sabía ni por dónde empezar. Sin embargo, para fortuna de todos, la cantidad de equipaje no es proporcional al tiempo que uno vaya a viajar.

Mi recomendación principal (probablemente igual a la que daría la mayor parte de la gente que ha viajado durante mucho tiempo) es llevar lo menos posible. Hay que tener en cuenta que la mochila va a ser la casa, pero una casa que se va a llevar en la espalda. Todo el día, a todas horas. Tiene que ser cómoda y fácil de mover, puesto que nos va a acompañar todo el recorrido. En cierto modo va a ser casi como un extra de nuestro cuerpo. Así que es de vital importancia que pese poco y que se maneje con comodidad. Si a medida que avanza el viaje uno se da cuenta de que necesita algo, se puede conseguir o comprar, no hay que pecar de precavido. Como ejemplo diré que yo compré un forro polar adicional de segunda mano cuando llegué a la Patagonia a un precio muy inferior al que lo hubiese comprado en cualquier otro lugar.

Yo llevaba dos bultos:

A) Una mochila de unos diez litros de capacidad

Esta mochila no la soltaba. Era prácticamente una extensión de mi cuerpo. Aquí llevaba lo siguiente:

-Documentación: Pasaporte, tarjetas, carné de conducir…

-Dinero en efectivo.

-Tablet y auriculares: No es que sea de vital importancia, pero a mí me vino muy bien. Escribía un blog desde la misma. Guardaba ahí las fotos. Tenía juegos, películas y música. Nada está de más para aquellos eternos trayectos sobre ruedas.

-Móvil: Siempre es útil. A medida que se va conociendo gente en un país, el poder contactar va tomando importancia. En muchos países acabé comprándome una tarjeta SIM.

-Cámara de fotos.

-Candado: Si hay taquillas, conviene utilizarlas. Insisto en que esta mochila es un bien preciado.

-Guías: Yo llevé tres. Con el tiempo me di cuenta de que las usé más bien poco, y dos me las dejé por el camino.

-Libro: A lo largo del viaje compré un par de libros, y los cambié tres veces. En muchos albergues, ferias y demás lugares o eventos hay intercambio de libros. Sugiero aprovecharlo. Durante el viaje leer me proporcionaba especial placer. No sé por qué. Quizás tenía la mente más abierta para pensar, para imaginarme las situaciones o para comprender o empatizar más con lo que quisiese expresar el autor. Además, hoy por hoy, recuerdo esos libros y me vienen a la mente lugares y personas de una manera casi inconsciente.

-Comida y bebida: Siempre conviene llevar algo básico para comer, unas galletas o algo de fruta y una botella de agua.

-Gorra: Aparte de proteger del sol, ayuda a pasar desapercibido, y eso hay ocasiones en que merece la pena.

-Linterna: Una pequeña, casi tamaño llavero.

-Cuaderno y boli: Unos meses después de volver releí el cuaderno y se me escapó una lágrima por los recuerdos que me ha traído. Escribía mucho. Escribía indicaciones, horarios o consejos. Pero también escribía lo que veía, lo que sentía o lo que hacía.

-Gafas de sol.

-Crema solar: Al principio no la usé mucho. Pero cuando casi me abraso vivo en el salar de Uyuni cambié de actitud, entendiendo su importancia.

-Adaptador de corriente internacional.

Una bolsa cinturón para colocar debajo del pantalón que usaba en muchas ocasiones al llegar a un sitio nuevo en donde no podía ocultar el aspecto de extranjero despistado. Así evitaba que me llegasen a robar el pasaporte, algo de efectivo, y alguna tarjeta.

B) Una mochila de unos cincuenta o sesenta litros

En ésta llevaba el resto de mis pertenencias. Procuraba no meter nunca nada de mucho valor:

-Ropa: Lo menos posible. Siempre se va a poder lavar. Cinco camisetas, dos pantalones largos (cómodos), unos cortos, un jersey, un forro polar, unos pantalones cortos deportivos que hagan también la función de bañador y un pijama, además de algo de ropa interior.

-Calzado: Chanclas (las típicas flip-flop que yo acabé comprando por allí), deportivas y botas.

-Saco de dormir: Fundamental. Nunca se sabe dónde se va a acabar durmiendo. Me acabó sacando de muchos apuros.

-Neceser con lo siguiente: Antimosquitos, medicamentos (cada uno que decida cuáles), maquinilla de afeitar, gel-champú, antifaz y tapones, que se agradecerán en aquellas habitaciones de albergue sin persianas y compartidas por quince personas, peine, cepillo y pasta de dientes.

-Impermeable.

-Botiquín: Es curioso, lo utilicé un par de veces, y nunca para mí. En cambio, yo lo necesité un par de veces y no usé el mío.

-Funda para la mochila: No la llevé, y la eché de menos en varias ocasiones.

-Toalla de secado rápido: De estas que se encuentran en las tiendas de deporte. Ocupan poco, se secan rápido y son muy baratas. Dan un resultado estupendo.

-Misceláneo: Navaja multiusos (la acabé usando prácticamente todos los días) y cubiertos de plástico, que aunque parezca una tontería, vienen bastante bien. No olvidar el papel higiénico, ese gran amigo en momentos especiales.

Recuerdo el momento en que estaba preparando la mochila. Me gustaría volver a ese momento, sabiendo el cariño que llegaría a cogerla y la pena que me daría dejarla al final. Creo que no era consciente de ello.

Esto es lo que llevaba para el gran viaje. Sin embargo, si algo tienen estos viajes es que proporcionan la libertad a cada uno de hacerlos a su antojo. Así que le corresponde a cada cual decidir qué meter en su mochila. Realmente, pocas cosas hay imprescindibles. A lo largo del viaje perdí la tablet y la cámara se me acabó rompiendo. Lo pienso y realmente no lo eché en falta. Conocí a muchas personas que viajaban sin casi nada de equipaje. Decían no necesitarlo. En realidad no les faltaba razón.

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