Recuerdo la primera vez que entré en Chiquimula, uno de los veintidós departamentos en los que se divide Guatemala. También era la primera vez que cruzaba el Atlántico, así que fue también mi primer contacto con América Latina. Ahí comenzó una gran atracción que todavía dura.

Jamás olvidaré ninguna de las sensaciones que me embargaron. En el autobús camino desde la capital (y posterior furgoneta) los trajes de colores únicos y llamativos, tan típicos de la región oriental del país iban cogiendo importancia, así como los sombreros, aquellos que yo sólo había visto en los “western”. Los paisajes eran cada vez más montañosos, y en ellos la milpa (cultivo combinado de frijol y maíz) proporcionaba esos colores verdosos amarillentos tan comunes en las laderas durante los últimos coletazos de la época de lluvias.

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Sombreros del oriente guatemalteco

Iba a vivir en Jocotán, municipio chiquimulteco a pocos kilómetros de la frontera con Honduras. El comienzo no fue fácil. Los aguaceros que golpeaban el techo de chapa bajo el que vivía, los problemas de distribución de agua debido a ese clima tan agresivo, las risas de los guecos con los que compartía piso, las curiosas miradas de los habitantes de Jocotán, los machetes y las pistolas por doquier… Me costó acostumbrarme a ello. Pero tras pasar un breve periodo de adaptación, me enamoré de aquellas tierras. De los colores. Creo que los colores se pueden asociar a la vida, a mostrarse, a no esconderse. De los sabores. De los paisajes. De los mercados. Pero sobre todo de la gente, que a pesar del sufrimiento padecido tras una historia reciente plagada de narcotráfico, guerras y genocidios, mantiene una cercanía y una amabilidad sorprendente. Gente llena de historias, de vida.

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Los colores son los protagonistas en el Día de los Difuntos

A Chiquimula se la conoce fuera de la región por ser “zona de calor, narcos, pistoleros y bellas mujeres”. Pero quien lo dice se equivoca. Chiquimula no es eso. Chiquimula son lagos, volcanes, montañas, cascadas. Son personas. Son mercados. Son lugares famosos y  no tan famosos. Son los sueños de un pueblo con ganas de crecer, de mejorar.

Como es complicado disponer del tiempo suficiente para sumergirse de lleno en el oriente guatemalteco (muy poco turístico, en contraposición al occidente), voy a comentar unos lugares que recomendaría visitar a cualquiera que pase por allí.

Esquipulas es un municipio muy próximo a El Salvador, y se puede considerar la capital centroamericana de la fe católica. Quizás lo más importante de Esquipulas es la basílica, el templo católico más grande de América Central, que se levanta imponente a las puertas del municipio, con su estilo barroco del siglo XVIII y su característico color blanco. Casualmente, este color contrasta con el famoso Cristo Negro que alberga en su interior, motivo de peregrinación para multitud de fieles. Si uno se acerca una mañana cualquiera de un día cualquiera, no es descartable coincidir con peregrinos que llegan a venerarlo desde dispares lugares cumpliendo las más curiosas promesas. Sería fabuloso poder decir que el Cristo fue tallado en madera negra haciendo honor a la población menos favorecida que habitaba las costas centroamericanas del Caribe (los famosos garífunas), pero lo cierto es que la madera fue simplemente cogiendo un color oscuro con el paso de los años. Si se cuenta con tiempo, también puede uno visitar el centro ecoturístico Cueva de las Minas, muy próximo a la ciudad (en tuc-tuc se llega en unos minutos), y que cuenta con una pequeña mina muy famosa por su recorrido interior en forma de cruz, un pequeño zoológico y un área recreativa con un lago y unas mesas acondicionadas para comer o pasar un buen rato tranquilo.

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La imponente basílica de Esquipulas
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Centro ecoturístico Cueva de las Minas

Otro lugar que uno no se puede perder es el volcán de Ipala, un volcán ya inactivo en cuyo cráter, además de una pradera y un gran bosque, hay una laguna de más de medio kilómetro cuadrado. Llegar a la cumbre andando, tomando conciencia del cambio de paisaje y vegetación, atravesando caminos y aldeas, para hacer noche en la cumbre viendo cómo el sol se esconde y el cielo se cubre de estrellas mientras que el viento silba imparable atravesando las suaves laderas del cráter es algo mágico, es fácil sentirse entonces dentro de un cuento. A mí personalmente fue una de los lugares que más me gustó.

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En las faldas del volcán Ipala
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Cráter del volcán de Ipala

La capital del departamento cobra importancia principalmente como núcleo de conexiones entre diferentes rutas. Tal vez impone un poco su terminal de autobuses, que se entremezcla con las calles del mercado, y los carteristas que en ocasiones se pueden aprovechan de los despistados turistas mientras se camuflan entre los autobuseros que tratan de captar clientes aquí y allá. De cualquier manera, merece la pena una visita al centro de esta ciudad, que aloja muestras de todo lo que se puede considerar como oriente guatemalteco. Si uno se dirige hacia las famosas ruinas mayas de Copán, en Honduras, justo al cruzar la frontera, el cambio de autobús en la ciudad de Chiquimula es obligatorio, con lo que se puede aprovechar el viaje.

No quería dejar pasar esta oportunidad para hablar de Jocotán, lugar que acabé considerando mi hogar. Jocotán se encuentra en un valle, rodeado de montañas de colores marrón, verde y amarillo, que se van alternando en función de la época del año, en la ruta que une Chiquimula con Copán, así que se puede parar ahí unas horas o incluso una noche y disfrutar de este pequeño pueblo. Si se tiene suerte y se pasa por allí un domingo, es posible disfrutar del mercado en la plaza central, al lado de la gran iglesia de color amarillo en el medio de todo el meollo, que junto a todo el ajetreo de alrededor deja boquiabierto a cualquiera. Además de encontrar todos los productos agrícolas de la zona y unas obras artesanales increíbles de mano de sus creadores, se puede conseguir todo tipo de artículos de utilidad, desde linternas o baterías hasta hamacas o productos de limpieza. Sólo hay que perderse entre los puestos, disfrutar y dejarse llevar hasta encontrar lo que se busca. Entre los municipios de Jocotán y Camotán se encuentran los baños termales de El Brasilar, unas aguas subterráneas a altas temperaturas canalizadas a diferentes piscinas en donde es posible relajarse durante unas horas.

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Vista de Jocotán desde los alrededores
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Jocotán en domingo

En definitiva, si se viaja a Guatemala, no hay que olvidarse de este pequeño departamento del Oriente, no tan famoso internacionalmente, pero con mucho que ofrecer, y con una gran facilidad  para atrapar. Y lo dice uno que cayó en sus redes.

 

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