Recuerdo bien los dos meses que pasaron antes de lanzarme a ese viaje que me llevó por el continente americano durante casi un año. Recuerdo bien esos días en lo que me levantaba deseando que llegase ya el día cinco de septiembre (día en el que cogí el avión), no quería seguir esperando. Pero también recuerdo bien esos días en los que sentía que la situación se me quedaba grande. Que me quedaba pensando y me asaltaban una multitud tremenda de dudas, de las típicas preguntas que comienzan por ¿y si…?.

Los “y si”, como me gusta llamarlos, no hacen más que ponernos barreras. Son miedos. Y después de conocer a muchos viajeros me di cuenta de que la mayoría son compartidos. Ayuda saber que uno no es el único que pasa por ellos. A continuación comento algunos de los “y si” más comunes, y que además, todos ellos, se me pasaron por la cabeza antes de salir.

¿Y si no conozco gente?

Este es, quizás, el que más preocupa a todo el mundo. Antes de viajar se me pasaban por la cabeza muchísimos escenarios negativos en los que no conocía gente o me faltaba compañía. Ni siquiera todos los blogs que leí y que hablaban de ello me habían convencido de que no fuesen a ocurrir. Sin embargo, es cierto. Nunca se está solo. Personas de todos los lugares del mundo, de todas las edades… Todas ellas con historias diferentes. Tal vez ayuda que cuando uno viaja lleva la mente más abierta a aprender y a conocer, y deja a un lado los prejuicios que solemos tener en casa. En ocasiones, cuando viajaba, llegaba incluso a buscar un lugar para quedarme yo solo, un par de días, y descansar de estar continuamente acompañado.

¿Y qué pasa con el futuro? ¿Qué hago cuando vuelva?

La seguridad de saber qué va a ocurrir, en qué se va a trabajar, o dónde se va a vivir después de un año viajando es casi la misma a la de habiendo pasado ese año sin viajar. Nunca se sabe qué va a ocurrir en el futuro. Esa seguridad no existe. El viaje es simplemente un cambio, un punto de inflexión si se quiere llamar así. Y en la mayoría de los casos de viajeros que conocí, la vida dio un vuelco a mejor. Si lo que más se teme es el aspecto profesional, quizás conviene saber que muchísimas empresas valoran este tipo de viajes por potenciar diferentes capacidades como la flexibilidad, iniciativa, superación de obstáculos o conciencia multicultural. En cuanto al gasto de dinero que supone, se trata de decidir a qué quiere dar prioridad cada uno. En lugar de comprar un coche o una moto, tal vez algunos prefieran viajar. Además, no supone un gasto tan alto como pueda parecer. Y hay multitud de formas de abaratarlo todavía más.

¿Y no es peligroso?

No tiene por qué serlo si uno toma las precauciones adecuadas y sobre todo, si se usa el sentido común. Lo que se nos enseña del mundo es, en muchas ocasiones, que está lleno de peligros. Pero la mayor parte de la gente es acogedora y tratará de ayudar. En  casi un año viajando por las tres Américas no tuve ningún problema serio. Y salía, y viajaba de muchas maneras (autostop, las gamas de autobuses más baratas…) y me apuntaba a casi todo. Si hubiese mantenido esos miedos que nos meten en la cabeza no hubiese surcado el Amazonas, ni hubiese hecho noche en la cumbre de un volcán guatemalteco transformado en laguna, ni me hubiese bañado en el lago Titicaca. Eso sí, conviene hacer caso a nuestro instinto, que es bastante sabio, y a nuestro sentido común, y quizás merece la pena señalar que dentro de nuestro castillo, sin salir de nuestra zona de confort, tampoco estamos exentos de peligros.

¿Y si vuelvo sin historias que contar?

Llegaba a preocuparme hasta volver y no tener anécdotas que contar. “Y si vuelvo y no tengo nada interesante que contar?”, “¿Y si no me ocurre nada?”. Lo seres humanos y nuestras ansias de demostrar algo a los demás o a nosotros… Preguntas como estas no tienen ningún sentido. No tuve ni que preocuparme de buscar historias. Ellas me buscaron a mí. Al encontrarnos fuera de nuestro entorno, todo es nuevo, todo son pequeños retos, y uno está más abierto, más pendiente a los detalles, a vivir esas historias que se evitan al vivir en la rutina.

En definitiva, si la semilla de hacer un viaje así ya está sembrada, a pesar de que desde fuera todo nos trate de echar hacia atrás, es porque realmente se quiere hacer. Cada vez que surjan estas preguntas conviene parar, pensar y relativizar. Una vez hecho eso, si nos damos cuenta de que realmente sólo nos frenan los miedos, hay que lanzarse.

En mi caso particular, y para tratar de suavizar estos miedos, me preparé una lista de vídeos, blogs y citas de motivación que me ayudaban reafirmarme en mi decisión.

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