París, como todo lo que no pasa inadvertido, genera una importante controversia que divide a una amplia mayoría de la población mundial entre seguidores y detractores de esta ciudad.

Tienda ParisMi caso, desde muy pequeña, ha sido el primero. Es difícil que alguien que posee un espíritu romántico no se eche en los brazos de París y le jure amor eterno. No sueñe con ser presa de algún encantamiento (charme) propiciado por esa luna que, precisamente, sólo habita en la ciudad de la Luz y que la misma lo lleve a uno a tomar forma de gato (le chat noir) para así poder merodear por ese cielo abuhardillado sinónimo, hoy día, de lujo.
En contraposición, con lo que allá por los años 30 significaron los tejados parisinos, refugio de bohemios, artistas, pobres y extranjeros. Woody Allen supo inmortalizar de forma muy brillante la esencia del París de esos años en su película ‘Midnight in Paris’, en la que una galería de personajes tan relevantes para la historia y la cultura como Dalí, Picasso, Gertrude Stein, F. Scott Fitzgerald, y otros tantos, nos invitan a compartir con ellos  a través de delirantes diálogos y siempre con la capital francesa de fondo,  (la cual no hace falta que diga se ha convertido junto con Nueva York en uno de los platós favoritos para el cine), lo que Hemingway bautizaría después, con la recopilación de sus memorias, como una fiesta. El París de ese entonces debía rezumar animación, ser puro espectáculo, lugar de reencuentro y mezcolanza, de trasgresión y frivolidad.
Y si hablamos de un escritor de la talla de Hemingway, me resulta inevitable no hacer hincapié en las pequeñas barracas de color verde que se alzan a ambas orillas del Sena para dar cabida a los ‘bouquinistes de París’, nombre con el que se conoce también a los vendedores de libros usados y antiguos de esta ciudad y que tendría en los puestos que se asientan en la cuesta de Moyano en Madrid o en el Mercat de San Antoni en Barcelona, su equivalente en nuestro país .El recorrido  sobre la margen derecha del Sena transcurre del Pont Marie al Quai du Louvre, y en la orilla izquierda del Quai de la Tournelle al Quai Voltaire.Chat noir

He nombrado con anterioridad al que, sin duda, es mi pintor favorito del siglo XX: Salvador Dalí. Pues bien, cuando me encontraba en París tuve la enorme suerte de poder asisitir a una exposición en el centro Pompidou que hacía una retrospectiva sobre toda su obra y que supuso, junto con otra llevada a cabo en 1979 sobre el mismo autor, las dos exposiciones más visitadas de la historia del museo. Una pena que en la mente de algunos sólo pese la rivalidad que el fútbol ha generado y no que ‘los gabachos’ han sido capaces de valorar a muchos de nuestros artistas quizá más de lo que nosotros mismos lo hemos hecho.

El centro Pompidou, nombre que se emplea de forma más común para designar al Centro Nacional de Arte y Cultura George Pompidou, llamó enseguida mi atención sobremanera. Me fascinó. Baste con decir que el nombre que recibe de los parisinos es ‘la fábrica de gas’ y que el mismo es uno de los edificios más representativos de lo que se conoce como el movimiento ‘high tech’ o estilo tardomoderno , hijo directo del racionalismo pero consistente en Dibujante Parisla exageración de los valores tecnológicos. Las tuberías de instalaciones, las escaleras, los ascensores y todo lo que no es espacio se construye en el exterior, a la vista, como si se tratase en realidad de un ser vivo dado la vuelta con todas las venas por fuera. Prevaleciendo sobre el mismo una actitud deliberadamente expresionista que a mi, en particular me cautivó.

Y si hablamos de arte y de París sería un crimen por mi parte no hacer referencia al encantador barrio de Montmartre, territorio de artistas y músicos y en donde el color está muy presente. El barrio recibe a un número muy elevado de turistas que, sin duda,  ha hecho que los hosteleros de la zona hayan visto la oportunidad ideal para hacer negocio. Uno tiene que llevar cuidado con lo que consume en alguno de los viejos cafés / cabarets que en otro tiempo fueron lugares que combinaban diversión y ácida crítica a la moral y costumbres de la época. Eran centros de reunión de poetas, pintores y músicos sin trabajo en los que los bohemios que allí se encontraban y reunían para separarse del mundo exterior atraían y divertían a una clientela muy respetable y burguesa. Alejados hoy día de esa Belle Époque, bajo mi punto de vista, esa situación no ha hecho mella en el sentimiento que, como un escalofrío, se aloja dentro de tu cuerpo al recorrer esas calles empedradas y decoradas por galerías de arte, pequeñas brasseries y comercios tradicionales por las que nos parecerá escuchar los acordes de o tal vez las notas del Vals de Amèlie o la Bohème dMetro Parise Charles Aznavour… La atmósfera mágica y seductora alcanza su punto culminante en la Place du Tertre, donde podemos ver a los pintores en acción, trabajando y exhibiendo sus creaciones, tratando de emular a artistas como Pablo Picasso, Amedeo Modigliani, Camille Pissarro, Vincent van Gogh, Henri Matisse, Pierre-Auguste Renoir, Edgar Degas y otros muchos que vivieron y trabajaron aquí.

Uno de los más famosos fue Toulouse Lautrec , que llegó a vivir en la habitación de un conocido burdel del barrio, el mejor lugar para poder pintar a las bailarinas y prostitutas que fueron sus verdaderas musas.

Eso es París para mí, una musa que ha inspirado a muchos artistas y que aún hoy lo hace y, por supuesto, lo seguirá haciendo.

Edurne González Redondo

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