Tuvimos que hacer un nuevo cambio de planes en nuestro itinerario inicial ya que nos informaron en el Centro de Información al Turista que el mar estaba muy movido y que hoy no saldría ningún barco para hacer el tour de ballenas. Por lo tanto, postergamos nuestra visita a Husavik (de donde salen los barcos, en la costa norte de la isla) un día y salimos en dirección a Akureyri, la segunda ciudad del país (fuera de la zona metropolitana de Reikiavik) y es considerada la capital del norte.

 La llegada a Akureyri desde el este es bastante espectacular ya que te la encuentras justo tras atravesar una montaña; aparece un enorme fiordo en cuya orilla opuesta se encuentra la ciudad. Sigues la carretera en dirección a la ciudad y continúas frente a ella sin poder llegar hasta que encuentras un puente enorme que te permite cruzar el fiordo. El entorno de la ciudad debe de ser incluso más espectacular en invierno, ya que está rodeado de montañas que, en pleno julio, tienen un poco de nieve, así que todo blanco debe de ser digno de una buena postal.

 Akureyri es grande únicamente para parámetros islandeses. Tras encontrar un alojamiento con camas (primera vez en una semana) fuimos al centro a dar una vuelta y comer en un sitio bajo techo que el cuerpo nos lo pedía. El centro tiene una iglesia moderna pero bonita y algunos locales y tiendas aunque poco más. No había bares más que uno que era anexo a un hostel y que por ende estaba llenísimo. A las ciudades islandesas les hace falta sangre.

Akureyri arcoiris Entramos en un restaurante donde nos habían indicado que preparaban la famosa sopa de cordero islandesa. Laura pidió un buffet de sopas y ensaladas, además del cordero y yo un plato bastante típico de esta zona de la isla; pizza. El plato de cordero consiste en una pata de cordero bastante grande servida en un caldo espeso y con un sabor intenso pero sabroso. Llenaba bastante.

 A nuestro alrededor había varias mesas con familias islandesas que estaban cenando (nosotros recién comiendo), abuelos, hijos y nietos. Cada uno era más rubio y blanco que el anterior. Lo curioso es que prácticamente nadie hablaba, ni sonreía. Los bebés le daban un poco de alegría a la imagen siendo ajenos al silencio sepulcral y alborotando un poco el asunto.

 Para bajar la comida fuimos al parque botánico de la ciudad, que estaba en la parte alta de la ciudad. Dimos una vuelta observando un grupo de árboles por primera vez en varios días (Islandia es una isla sin árboles, solo ves muchas plantas, mucho musgo y algún árbol suelto que claramente ha sido plantado por el hombre). Volvimos al coche y, tras hacernos una foto con un arcoíris, fuimos al hostel a pasar la tarde y descansar. Era necesario después de tantos días durmiendo regular.

 Recorrido:

 Myvatn-Akureyri: 90km.

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