Hace una semana mi amigo Ramiro, al que conocí durante mi año erasmus en Suecia, vino a Madrid de visita exprés. Durante su estancia nos animó a que fuéramos a verle durante la Semana Santa a su pueblo natal, Andorra. Por favor, no la confundan con el país vecino de las pistas de sky y la tecnología barata, porque nada que ver. El mayor atractivo que presentaba este plan, y que sin duda fue determinante para que no pudiéramos rechazarlo fue que, en este pueblo de la provincia de Teruel, (Comunidad Autónoma de Aragón, al noroeste de España) que cuenta con 8.000 habitantes (el tercer núcleo poblacional de la provincia), tienen la tradición de tocar el tambor durante los días que dura la Semana Santa como si no hubiera un mañana.mapa_espana

Llegamos a Andorra a eso de las 6 de la tarde. Nos recibió Ramiro y su familia a los que les enviamos todo nuestro agradecimiento por la cálida acogida y por habernos prestado los tambores (en Andorra cada miembro de la familia tiene un tambor, abuelos, padres e hijos). Nos probamos unas túnicas negras imprescindibles para la noche, a Diego le sienta un poco pequeña pero sin duda le queda muy gracioso y nos marchamos a empezar la aventura. Subimos a lo alto del pueblo donde se encuentra la casa andaluza. Resulta que Andorra es un pueblo minero al que emigraron muchos andaluces buscando trabajo y por eso tienen allí su propia casa de Andalucía. Ramiro y sus amigos pertenecen a una peña llamada “Los destensaos” (desde aquí les mandamos un gran saludo y les agradecemos porque nos trataron suuuper bien, nos incluyeron como unos más, nos dieron de comer, de beber, nos enseñaron a tocar el tambor y el bombo -que luego nosotros no fuéramos muy virtuosos es cosa nuestra- y nos ayudaron a aguantar despiertos hasta el final de la aventura). Esta peña está formada por varios grupos de amigos que se juntaron por amor al tambor. Cada año un representante de cada grupo, que es elegido por el representante del año anterior durante una ceremonia, organiza la comida y los preparativos de los días de Semana Santa para que no falte de nada.IMG_3780

De modo que llegamos a la casa de Andalucía, nos presentan a “Los destensaos” y nos explican el horario y el itinerario mientras nos ponen unas cervezas en las manos. Después bajamos al centro del pueblo a ver una procesión silenciosa dónde desfilan varias personas vestidas de romanos. Se acerca la hora de la cena, así que volvemos a casa de Ramiro a por las túnicas y los tambores. Subimos las cuestas del pueblo y llegamos de vuelta a la casa de Andalucía donde nos espera un festín de comida y cerveza. En total seríamos unas 40 personas disfrutando de la previa a la noche de los tambores. Hubo hasta cata de Jägermeister, de licor café, limonchelo y demás alcoholes que propiciaban un clima estupendo para la alegría y el jolgorio.2014-04-17 22.45.452014-04-17 22.50.07

Se acercan las 12 así que salimos todos a la plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra todo el pueblo con sus bombos y sus tambores y tras el sonido de una trompeta desde el balcón de la plaza del Regallo “se rompe la hora” y empezamos todo el pueblo a tocar la misma melodía, o al menos nosotros intentábamos seguirla.

A las dos de la mañana salimos corriendo porque hay que subir a la ermita en lo más alto del pueblo y la gente ya había salido. Nos incorporamos a la procesión que subía en filas de 2 personas, dos tambores a los lados y un bombo en medio, por un camino de antorchas que iluminaba todo el camino creando un ambiente místico y mágico. Al llegar a lo alto nos asomamos a un balcón y descubrimos que se oían los sonidos del tambor por todo el pueblo, todo el mundo estaba involucrado y unido por una misma melodía.

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Bajamos de nuevo y como era pronto para la recena, tras montar unas cuantas coreografías con los tambores nos fuimos a un bar del pueblo a tomar algo. Allí, charlamos con nuestros nuevos amigos que nos contaron aventuras de Andorra. Llegan las 4 de la mañana y volvemos a la casa de Andalucía a recenar y coger fuerzas. Los más valientes jugaron un rato al duro, un juego muy divertido consistente en poner tu vaso de cerveza en medio de la mesa junto con el resto de vasos de los demás participantes, y tirar una moneda. Si cae en tu vaso te toca beber y si cae en el vaso de en medio, beben todos de su vaso y el último se bebe el vaso de en medio. En fin, un desmadre.IMG_3800

Volvemos a la calle a seguir dándole al tambor y recorrer el pueblo. Pero de darle con tanto entusiasmo se rompió la piel de mi tambor y a pesar de ponerle unas pegatinas de “Los destensaos” se me terminó rompiendo del todo. Un buen hombre me dejó su bombo y disfruté como una niña dándole con todas mis fuerzas por más de una hora, hasta que me salieron ampollas en las manos. Ya era de día y la gente usaba gafas de sol. Fuimos a la casa del hombre que arreglaba tambores, eran las 6 de la mañana, pero nadie nos abrió.

 

photo 6Ya a las 7 y media nos fuimos a desayunar todos juntos unos huevos con jamón, especialidad de la casa, que nos dio la vida para aguantar hasta la “rompida de hora” de las 12 de la mañana. Después de los huevos Ramiro y yo fuimos a la tienda de tambores que ya estaba abierta y me arreglaron la piel. Tuvimos que esperar una hora larga porque, como os podéis imaginar, es el día de más trabajo del año y varias personas teníamos problemas con nuestros instrumentos.photo 9

A las 12 menos 20 estábamos en la plaza del Regallo de nuevo, dispuestos a repetir la escena, esta vez a plena luz del día. El ambiente era algo diferente, había muchos niños y adolescentes y, pos supuesto, algunos con unas cuantas copas de más.IMG_3808

Para rematar la experiencia, después de haber dormido unas 5 horas, nos despiertan los encantadores padres de Ramiro con (imaginaros un redoble de tambores….) una sopa y unos filetes con pimientos. Mejor Imposible. Gracias a todos por este día y que vivan “Los destensaos”.

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